
















Shinsal merece un capítulo aparte, llegar hasta aquí no ha sido nada fácil, un largo viaje por una carretera de vértigo por un valle super cerrado en el que solo ves, abajo el río y enfrente una pared rocosa que se eleva sin fin. Aún así, eso no es lo más peligroso de llegar hasta aquí, lo que es realmente un reto, es cruzar los siete puentes colgantes casi destrozados que cruzan un poderoso río y furioso. Pero la aventura comienza cuando vemos que uno de los puentes se lo ha llevado el río y el Jeep se aventura a cruzar por la parte más viable. De repente veo que el Jeep se para y las mujeres que tengo a mi lado que antes me estaban tranquilizando, se ponen un poco tensas, sacan un rosario de cuentas y se ponen a rezar. En ese momento comprendo que algo puede ir mal, y que esta vez, si tienen miedo. El conductor hace a los hombres bajar del Jeep y las mujeres nos quedamos dentro. Siento miedo de que vuelque el coche y nos lleve la corriente y decido bajarme y veo que la única opción es cruzar o en el Jeep o por dos palos que han puesto a modo de puente, y siento que esta opción también me da miedo, pero no hay vuelta atrás. El Jeep se dispone a cruzar, todo va bien, pero de repente el Jeep se balancea y todos desde fuera gritamos, el coche va a volcar, hasta tres veces el Jeep casi vuelca, pero finalmente sale adelante y cruza el río. Varios locales me ayudan a cruzar por los palos y cuando llegamos al coche vemos que varias mujeres están llorando, supongo que la tensión vivida dentro ha sido importante. Por fin llegamos a Shinsal y nuestra estancia en este remoto lugar bien ha merecido la pena.