16 de mayo de 2011

Sapa


Nos levantamos de madrugada para coger un tren que necesita diez horas para hacer los 320 km que separa Hanoi  de Sapa (158.000 VND*). La velocidad media del tren es de 30 km/h, por eso la mayoría de los turistas que suben hasta aquí lo hacen en un nocturno con literas, pero nosotros hemos preferido hacerlo de día para disfrutar de las vistas (además de pagar menos de la mitad) y la verdad es que no nos decepcionan.


El tren nos deja en Lao Cai y a la salida de la estación hay más de una docena de minivan esperando para llevar a la gente a Sapa. Nos piden 300.000 VND para un trayecto de hora y media,  7 veces más de su precio real. Es una mafia en toda regla, pues todos piden lo mismo y nadie está dispuesto a bajar el precio a los extranjeros. El problema es que viene mucha gente (los llamamos “yanquis”, pero son americanos, canadienses y australianos) con mucho poder adquisitivo, que los paga. Paga todo lo que le digan, les da igual ocho que ochenta y como nos decía un australiano, “con lo que pago en Vietnam por una habitación de un hotel, no me llega en mi país ni para un café”. Pero hacen mucho daño al viajero independiente, pues los locales se creen que todos somos ricos. Luego vamos al mercado y nos piden por una piña lo mismo que cuesta en España, cuando su precio aquí es de 15 céntimos de euro.
La paciencia y el tesón de Yeni con uno de los conductores de minivan producen resultados y consigue que nos lleven por 50.000 VND.

Sapa es una pequeña ciudad al norte de Vietnam, en las montañas, a menos de cuarenta kilómetros de la frontera china. La mayoría de los habitantes, repartidos en un puñado de aldeas, pertenecen a la minoría étnica de los h'mong. En el siguiente valle habitan los dzao y en el que viene después los dzay, cada tribu con su propio idioma y vestimenta característica.


Los franceses, antaño señores coloniales de lo que se conocía como Indochina, apreciaban su clima de montaña. Durante los meses de sofocante calor tropical se mudaban a sus residencias veraniegas de Sapa para huir del húmedo clima de Hanoi.
 
Llegamos a Sapa de noche y nos quedamos sorprendidos al ver que es un pequeño pueblo donde las mujeres h´mong están por las calles sin necesidad de tener que andar kilómetros para llegar a sus aldeas. De hecho, nada más llegar conocemos a tres que nos ayudan a buscar un guesthouse barato entre una densa niebla que no nos deja ver a más de diez metros. Saben bastante ingles y son muy agradables. Se dedican a vender bolsos hechos a mano por ellas a los turistas que llegan hasta Sapa.


Una vez acomodados nos metemos una de las cenas más ricas de todo Vietnam, tan ricas que al terminar  volvemos a cenar. El chico que nos atiende se enrolla y nos hace precio especial.

Cuando nos levantamos al día siguiente está lloviendo. Ha estado así toda la noche. Sin mucho que poder hacer nos vamos a desayunar a un hotel de enfrente un pedazo de bufet por 60.000 VND (2 euros). Dos horas después, cuando terminamos, no nos podemos ni mover, pero nos acercamos al mercado que está al lado. El mercado está lleno de h´mong con sus vistosos atuendos comprando y vendiendo.



A las doce sigue lloviendo pero no podemos continuar quietos así que nos vamos a hacer un treking de unas seis horas. Afortunadamente empieza montaña abajo y cuando descendemos 300 m las nubes se abren y desaparece la niebla y la lluvia. 



El paisaje es fantástico, un valle repleto de terrazas con arrozales inundados.


 Por el camino vamos pasando por aldeas de H´mong donde niños y mayores nos saludan. Por cierto hola en h,mong es “coño jay”…fácil ¿verdad?






El día siguiente es igual de malo. Nos vamos a hacer otro treking, esta vez bajando por otro valle pero el tiempo no mejora. El agua que se precipita ensordecedoramente por las empinadas paredes montañosas sobre los valles.






1 comentario:

  1. ¿Pero como se os ocurre por esos montes
    con la que está callendo?.

    Arcoiris.

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