1 de septiembre de 2014

Pahalgam



Salimos de Srinagar sin tener claro cuál será nuestro próximo destino. No sabemos si ir directamente a Jammu para después continuar hasta McLeod Ganj o hacer una parada en Pahalgam, lugar que posiblemente será nuestro último destino de montaña. Aunque llevamos desde julio haciendo montaña, aún no estamos cansados de la belleza que nos brindan estos paisajes, por lo que una vez más nos decantamos por rematar la temporada de verano recorriendo los valles de Pahalgam.
La pequeña población de Pahalgam se encuentra a 2.740m de altitud y está rodeada de un paisaje alpino de postal de altos picos y verdes valles por los que circula el río Lidder. Junto al río encontramos un bonito guesthouse (Beach resort) ideal para pasar varios días relajados escuchando el sonido del río y disfrutando del entorno, pero nosotros lo usamos como base y hacemos varias excursiones, la primera al valle de Beetab y Chandanwari.


Por el margen derecho del río hay un sendero por el que se llega a Chandanwari en unas cuatro horas. Desde allí se puede iniciar una excursión de varios días hasta la Holy Cave, lugar de peregrinación para los hindús. Chandanwari no es más que algún puesto de chai y alguna tienda de souvenirs, pero unos cientos de metros más arriba cruzando un pequeño puente de madera se encuentra unas cabañas de pastores y allí que vamos.

 

Cruzamos el puente y desde arriba los niños de los pastores nos miran sorprendidos. No sabemos si subir, puesto que no siempre los turistas son bienvenidos, pero utilizamos nuestra técnica de ir acercándonos poco a poco, sonriendo, saludando y por supuesto guardando la cámara de fotos, ya que no les suele gustar que se les invada su intimidad, como muchos turistas hacen disparando fotos a diestro y siniestro.

Algunas veces en estas situaciones nos sentimos como los indios americanos cuando visitaban a los poblados vecinos  levantando la mano “en son de paz”.
Poco a poco todos nos relajamos, y los niños comienzan a hacernos señas para que subamos a sus cabañas. Una vez arriba las mujeres vamos por un lado y los hombres por otro. Yo me voy dentro de la cabaña con ellas y Antonio con los hombres fuera.

 

Pronto encienden un fuego y comienzan a preparar té salado de Kashmir. Todas las mujeres me miran, me tocan las manos y el pelo que sobresale bajo el velo que me he colocado por respeto a sus costumbres. Ellas no saben inglés y yo no sé urdú ni Kashmiri así que comienzo a tirar de mímica que es lo que funciona mejor en estos casos apoyándome con sencillas palabras en inglés. A los pocos minutos ya está listo el té, me ofrecen una taza y no tengo más remedio que probar un té amargo y salado que no me gusta nada.
La cabaña es pequeña pero muy confortable, sus paredes y suelo están recubiertos de barro mezclado con paja y algunas alfombras sirven de asiento y cama, dando al interior un ambiente de confort.


Sobre unas mantas veo un enorme rifle, el mismo que usa el ejército indio. Quiero pensar que lo tienen para defender al rebaño de algún depredador, pero sabemos que estás montañas son el refugio de grupos insurgentes armados que luchan por un estado independiente y que en los últimos meses varios militares han muerto en enfrentamientos en las montañas, en un intento del ejercito por controlar a estos grupos armados y financiados por Pakistan.




En estas montañas hay cientos de trekkings para visitar lagos y glaciares. A unos diez kilómetros se encuentra la bonita aldea de Aru. Desde aquí queremos iniciar la ascensión hasta el glaciar Kholai. Pero el tiempo siempre tiene la última palabra y una constante lluvia nos acompaña en la toda la subida hasta Aru, por lo que decidimos pasar la noche aquí y coger fuerzas para el día siguiente con la esperanza de que el tiempo mejore.
Amanece sobre el valle de Lidder y una fina pero constante llovizna no cesa, aunque tenemos dudas sobre si iniciar o no la marcha, finalmente tiramos para adelante y decidimos recorrer las profundidades del valle hasta Lidderwath, nuestro próximo destino. La lluvia cesa y poco a poco las nubes bajas van subiendo y dejando entrever la cima de algunos picos nevados.


En la subida nos cruzamos con muchos pastores y sus familias que, tras pasar el verano en los altos prados con su rebaño, estos días están comenzando a descender a prados más bajos e iniciar el largo camino de vuelta a casa, en pueblos cercanos a Jammu, donde pasarán el invierno que pronto se echará encima. Los pastores son musulmanes y la seria expresión de su rostro cuarteado por el sol y el frío refleja la dureza de sus vidas. Aunque de apariencia relajada y amistosa, los locales nos cuentan historias sobre su belicosidad e incluso luchas entre ellos por mantener su zona de pastoreo. Su aspecto recuerda a los pastunes afganos y nos produce bastante respeto al cruzarnos con ellos.






Tras unas tres horas de subida constante pero agradable, llegamos al valle de Lidderwath. En medio de un gran prado una casa de piedra hace de tienda para los pastores. También hay una gran tienda de campaña para los excursionistas y es allí donde decidimos dormir nosotros.



El paisaje es precioso. El río Lidder baja con fuerza y sus aguas heladas vienen directas del deshielo de los glaciares y neveros. Las ovejas y cabras pastan libremente por doquier, y disfrutan de los verdes pastos.
Desde el valle de Lidderwath se pueden hacer varias excursiones, una hacia el lago Tarsar, de unas once horas, y otra hacia el glaciar Kolhai, de unos veinticinco kilometros entre la subida y la bajada. El tiempo no es estable, la lluvia aparece y desaparece a su voluntad. Comienza a caer la noche, hace frio, el silencio es absoluto, casi sobrecogedor, y dormimos con el sonido de las gotas de lluvia sobre la lona de nuestra tienda de campaña.
Ha estado toda la noche lloviendo y aunque con el amanecer las nubes parecen haberse esfumado, no hay que confiarse ya que en la cima de las montañas éstas amenazan de nuevo lluvia. Cualquiera de las dos rutas que queremos hacer son largas y duras y no estamos muy seguros de que el tiempo nos vaya a respetar, así que tomamos la mejor decisión, quedarnos a disfrutar del día en el valle, pasear por los alrededores y esperar a mañana para volver a probar suerte.
El día transcurre tranquilo y el sol inicial de la mañana deja paso a intervalos de nubes que descargan de forma intermitente.



A la mañana siguiente nos encontramos con un panorama parecido por lo que decidimos cesar en nuestro intento de subir e iniciamos la bajada de regreso a Aru. De Aru continuamos descendiendo hasta Pahalgam por la carretera, pero a mitad de camino un coche nos para y nos lleva.

Todavía nos quedan muchas excursiones por  hacer y entre todas decidimos hacer la que sube al lago Tuliyan.
Nos levantamos a las seis de la mañana, el día está despejado y por fin parece que la lluvia nos ha dado una tregua, así que sin dudarlo comenzamos a subir montaña arriba. Nuestro primer objetivo es llegar al valle de Baisaran también llamado la pequeña Suiza, una amplia y verde pradera rodeada de altos picos.



La subida es resbaladiza debido al barro del camino. Desde Baisaran la subida al lago Tuliyan no está nada clara y no hay nadie a quien preguntar, así que iniciamos la ascensión dejándonos guiar por nuestro instinto. Tras varias horas de subida atravesando tupidos bosques de abetos, llegamos a un pequeño asentamiento de pastores. Nos miran curiosos y se muestran bastante sorprendidos de cómo hemos llegado hasta allí. Suponemos que ese no es el camino para llegar al lago Tuliyan, pero desde luego el desvío ha merecido la pena. Desde este pequeño claro miramos hacia arriba, buscando la dirección en la que debería estar el lago pero ninguna senda algo pisada que marque la subida. Preguntamos a uno de los pastores pero parece no entendernos hasta que tras insistir varias veces con el nombre del lago, el hombre señala con su dedo hacia arriba. La información no es de gran ayuda pero seguimos incansables montaña arriba. De nuevo nos adentramos en la espesura del bosque que aunque exuberante e imponente, los arboles no nos dejan ver más allá. Vamos siguiendo caminos hechos por el ganado pero estos se pierden una y otra vez.

Tras casi seis horas de subida por fin llegamos a un claro donde el valle se abre y vemos alguna cabaña de pastores. Estamos seguros que tras una loma se encuentra el lago, así que un pequeño esfuerzo más y lo tenemos. Al llegar arriba sorpresa… no hay lago, solo un río que viene de muy arriba.


Descendemos hasta el río y seguimos subiendo. El día empieza a echarse encima, es la una del medio día y por lo menos nos quedan dos horas hasta el lago y unas cuatro o cinco más de bajada. Aunque nos asaltan las dudas, finalmente decidimos seguir subiendo.



Se acaba el sendero y atravesamos un gran nevero, desde allí  hay que ir saltando por las rocas que forman la pedrera que es la antesala al lago. Una hora más tarde, por fin recibimos nuestra recompensa. El lago Tuliyan, ¡ahí está! majestuoso y bello de color azul turquesa y rodeado de altos picos.




Las nubes comienzan a cubrir el cielo y las primeras gotas de lluvia caen sobre el lago, debemos darnos prisa en bajar. No tenemos mucho tiempo que perder,  así que tras disfrutar durante unos minutos iniciamos el largo descenso.  Pero de nuevo la naturaleza manda y una fuerte tormenta cae sobre nuestras cabezas, las grandes gotas de agua dan paso a bolas de granizo de un tamaño considerable. Estamos en mitad de la pedrera y no hay ningún lugar para resguardarse. Tras unos minutos de granizo vuelve la lluvia que poco a poco se suaviza hasta desaparecer por completo. Seguimos bajado siguiendo el curso del río, de nuevo no hay caminos y nos adentramos en el bosque.



Intentamos seguir pequeñas sendas pero tras unos metros desaparecen entre la maleza sin conducir a ninguna parte. En la bajada encontramos alguna cabaña de pastores pero en ninguna nadie a quien preguntar, así que seguimos río abajo puesto que esta es nuestra única referencia para no perdernos.
Después de tres horas de bajada llegamos a un pequeño asentamiento de pastores formado por unas siete cabañas. Respiramos aliviados y tranquilos al ver que un grupo de indios vienen subidos en unos caballos dando un paseo, eso nos indica que no debemos estar muy lejos de la civilización.  



Finalmente llegamos a un pueblo, hemos bajado tanto que estamos a varios kilómetros de Pahalgam, ya no tenemos fuerzas para caminar los cuatro kilómetros que nos separa carretera arriba, por lo que hacemos autostop con la fortuna de que a los pocos minutos una furgoneta para y nos acerca hasta Pahalgam.
Estamos muy cansados pero satisfechos de haber conseguido nuestro objetivo.
Abandonamos Pahalgam con la sensación de haber disfrutado muchísimo de la zona y ahora sí, despidiéndonos de los verdes valles y las montañas alpinas. Desde aquí partiremos hacia Jammu y seguidamente hacia McLeod Ganj para encontrarnos con el Dalai Lama.

5 comentarios:

  1. Visite nuestra web www.limpiezaservimansa.es

    ResponderEliminar
  2. Valor, valor y más valor.Alucinante y fascinante aventura llena de riesgo y una espectacular belleza. M.M.

    ResponderEliminar
  3. Feliz viaje . Viajeros por el mundo Yeni y Antonio.Me llena de satisfaccio seguir vuestro caminar.Luz.

    ResponderEliminar
  4. Aventureros incansables.Saludos.

    ResponderEliminar