7 de septiembre de 2014

Dharamsala - Kapurthala


Es nuestra segunda vez en Dharamsala y presiento que nada va a ser igual a la primera vez que visitamos esta pequeña localidad. Dharamsala es el lugar de acogida de miles de exiliados tibetanos que buscan un lugar donde refugiarse y poder expresar con libertad sus costumbres, cultura y religión. Además es también el hogar actual del Dalái Lama.






 

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Esta vez queremos empaparnos un poco más del ambiente que se respira en Dharamsala, no solo conocer la ciudad, sino también aprender y conocer más sobre el budismo y sobre esta enorme comunidad de exiliados que esconde tras de sí historias de sufrimiento y dolor.
Paseando ladera arriba se llega al pueblo de Dharamkot y Bhagsu Naag, donde se pueden visitar unas bonitas cascadas. Caminando por este espectacular paisaje encontramos casi por casualidad un templo budista, Tushita. Este centro, imparte cursos de iniciación al budismo muy solicitados por gente de todas las nacionalidades y con una buena reputación. Antonio me anima a que nos  apuntemos y aunque tenemos pocas posibilidades de ser admitidos ya que el curso está completo, nos apuntamos en la extensa lista de espera. Como por arte de magia somos admitidos. Por delante nos quedan dos semanas de aprendizaje y mucho esfuerzo mental y control psicológico.




Las enseñanzas son íntegras en inglés y esto nos obliga a tener una concentración absoluta para poder entender el contenido. A diferencia de Antonio, yo no me he informado nada sobre el curso pero me he aventurado a vivir la experiencia, así que iré descubriendo poco a poco lo que me depara. Mi primera sorpresa no se hace esperar, Antonio me dice muy bajito al oido, "a partir de ahora no se puede hablar, tendremos que mantenernos en silencio dos semanas", ¿qué..? Paseo por los jardines del templo y leo un cartel con una flecha que pone "salida". Entre risas pienso: "no sé si aguantaré, pero por lo menos ya se dónde está la salida si me quiero ir"

Poco a poco me relajo y me dejo llevar por la magia del lugar. Todas las enseñanzas se llevan a cabo en el interior del templo y cada vez voy sintiendo una conexión más fuerte con aquel lugar que tiene algo especial, una energía que me hace sentir bien. Durante las meditaciones guiadas de la noche, disfruto de estar presente en este lugar. Una luz tenue casi en penumbra ilumina de forma muy sutil el templo y deja entrever las preciosas pinturas del techo y paredes, también miro con curiosidad los budas y la decoración. Tras la meditación casi todo el mundo abandona el templo y se dirige a su habitación para descansar, para mí por el contrario es uno de mis momentos preferidos del día y me gusta quedarme tumbada observando todos los detalles. Me siento feliz y relajada, poco más necesito.
En Tushita hay una biblioteca con un millón de libros interesantes, incluso en español. Me dirijo hacia la estantería de los libros en español y uno me llama la atención: " Sobre la cola del cometa Osel". Recuerdo que Osel era el niño español que se consideró la reencarnación de un Lama. También recuerdo como se criticó la actitud de la madre en los medios de comunicación donde se decía que estaba privando a su hijo de vivir una infancia como los otros niños. Este libro estaba escrito por la madre de Osel, María y contaba su punto de vista sobre como vivió ella esta situación inesperada. Me parecía interesante conocer de primera mano que pasó con aquel niño y cuál fue la realidad de todo aquello, así que empecé a leerlo.

De nuevo mi ignorancia sobre el lugar donde estaba me ponía en jaque y según iba avanzando en mi lectura del libro descubrí que Tushita no era un templo budista cualquiera, era exactamente el templo donde coronaron a Osel como Lama y que el fundador de este lugar fue Lama Yeshi, de quien Osel era la reencarnación. De repente todo empezó a cobrar vida, el templo donde meditabamos, los jardines, la estupa, todo se describía con detalle en el libro. Bajo este escenario, el mismo en el que estaba yo ahora, se emplazaba la coronación de Osel por el mismísimo Dalái Lama. En silencio contemplo estusiasmada el lugar, busco una y otra vez los espacios que se describen en el libro y allí están. Mis ojos comienzan a mirar diferente aquel templo, ahora el peso de una historia y unas experiencias cargadas de emociones que quedaron atrapadas para siempre entre estas paredes, me estremecen.
 Pasan los días y el silencio ya no me da miedo, es más, mi mente se calma y desaparecen los ruidos de pensamientos absurdos que a veces llenan nuestra cabeza. Todo se ha apaciguado en mí y disfruto de la experiencia de mantenerme en paz conmigo misma.
El tiempo pasa rápido y sin casi darnos cuenta esta experiencia llega a su fin. Han sido dos semanas realmente especiales, nos sentimos reconfortados y felices de haber abierto nuestra mente a este pensamiento.


En Dharamsala una nueva sorpresa nos espera, en una semana el Dalái Lama impartirá una enseñanza para transmitir el Darma. Creemos que es una buena y bonita oportunidad de conocer y aprender más sobre el budismo, así que decidimos quedarnos.




Llega el día esperado, no podemos creer que vayamos a ver al Dalái Lama. Algunos extranjeros pero sobre todo tibetanos esperan el momento de verlo salir. Una atmosfera indescriptible se forma en el lugar. La devoción y la emoción se siente y miles de tibetanos portan en sus manos la rueda mani de oración girándola sin parar. Sus caras ajadas por el frío, representan también la dureza de sus vidas. De repente todo se calma y un silencio ensordededor deja paso a un solo sonido, el de los cánticos de una misma melodia, el mantra de la Compasión Universal "Om Mani Padme Hum". Tras unos minutos de mucha emoción contenida se abre paso entre la multitud un sonriente y cercano Dalái Lama. Qué momento más especial, jamás pensé que fueramos a vivir nada parecido, pero sí, aquí estamos sentados frente al Dalái Lama escuchando sus sabias palabras.

Abandonamos Dharamsala después de haber vivido con mucha intensidad una visita que desde luego ha sido muy especial. Cargados de buena energía nos dirigimos hacia Kapurthala, región de antiguos Marajás, tal vez conozcamos a alguno...







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India es un país donde te puede pasar de todo y nada más llegar a Kapurthala visitamos un templo, a la salida un matrimonio indio con su hijo se acercan a nosotros y nos preguntan sobre nuestra visita a Kapurthala, ya que por aquí no se dejan caer muchos viajeros. Rápidamente entablamos conversación y nos invitan a qué conozcamos su casa en la que nos dicen que tienen un templo propio y que lo podemos visitar. En cualquier otro lugar habríamos desconfiado y no habríamos ido, pero no sé por qué nos dejamos llevar por la situación y llegamos a su casa. Una imponente mansión se abre ante nuestros ojos y nos explican que son marajás. No podemos creerlo llegamos a Kapurthala y lo primero que nos pasa es que conocemos a un marajá, esto es increíble. La familia nos enseña su templo privado y nos invita a tomar un aperitivo, después nos dejan con su hijo de unos 25 años para que nos enseñe la ciudad.



 

Todo su afán es mostrarnos lo modernos que son y nos lleva a comer pizza y a un centro comercial porque nos quiere hacer un regalo. Llegamos a una zapatería y nos dice: "podéis elegir unos zapatos, yo os los regalo" estamos algo sorprendidos, tampoco estaban tan mal nuestras chanclas... Pasamos un día surrealista pero agradable con él.





Al día siguiente caminando por la ciudad escuchamos música, viene de un edificio que parece un colegio. Atraidos por la curiosidad nos acercamos, y rápidamente nos convertimos en el centro de atención de un grupo de estudiantes, en el colegio están preparando un espectáculo y nos invitan a entrar.








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