25 de marzo de 2016

Boten- Huay Xai

Pasamos el check point de Laos.
Nuestro autobús se ha transformado,¡¡ Bienvenidos a Laos!!

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Echo la mirada atrás y miles de recuerdos afloran en mi mente sobre este maravilloso país, uno de nuestros preferidos sin duda. Han pasado 6 años desde la última vez que lo visitamos. Algo de miedo me invade, y miles de preguntas se agolpan en mi cabeza ¿y si ha cambiado tanto que no podemos reconocerlo? ¿ y si ya no existen todas aquellas aldeas de minorías étnicas que años atras nos hicieron soñar? No sé, tal vez llevemos demasiadas espectativas, pero los recuerdos son imborrables y no podemos evitar hacernos todas estas preguntas.
Por fin vamos a visitar la región de Phongshali. No he dejado de pensar en cuándo llegaría este momento... En aquel viaje una viajera experimentada me dijo: "si te gustan las minorías ve a Phongshali, es una de mis regiones favoritas". Esta idea no se me ha quitado de la cabeza desde entonces y en aquel momento me arrepentí muchísimo de que no hubiéramos ido. Todavía recuerdo cuando hace 6 años llegamos hasta Pak Nam Noi. Hacía un calor horrible y nuestra habitación era nunca mejor dicho una jaula de grillos, pero no es una metáfora ni nada por el estilo, sino que en la habitación había tantos grillos que no podíamos dormir del ruido y el cosquilleo de estos molestos insectos se colaba entre las almohadas y las sábanas. Estábamos en el cruce para ir a Phongshali. Una pista de tierra estilo barrizal hacía de carretera hasta Phongshali y solo un autobús al día lo unía con esta localidad en el que según los locales se tardaba a partir de 15 horas, aunque el viaje siempre era imprevisible. En aquella época no nos aventuramos a recorrer esta región repleta de minorías, pero esta vez vamos dispuestos a todo. Tengo esa espinita clavada y en este caso no vamos a desperdiciar la ocasión.

Desde Boten cogemos un autobús dirección Udomxai. Recuerdo que este era un lugar bastante desangelado en el que la presencia china ya se hacía notar, y la mayoría de los negocios eran chinos, veremos lo que nos encontramos. Para el autobús, hemos llegado. La ciudad ha crecido, pero ha mejorado bastante, está más cuidada y parece más agradable. Pasaremos aquí una noche antes de seguir nuestro viaje hacia Phongsali.


A la mañana siguiente nos dirigimos a la estación de autobuses y para nuestra sorpresa nos dicen que hay un autobús que va directo a Phongsali, y tarda unas 7 horas, pero no puede ser, será el mismo lugar... compramos el billete y para allá que vamos. Según nuestros calculos son unas tres o cuatro horas hasta Pak Nam Noi y desde allí unas 15 horas, en total 20 horas si todo va bien y el autobús desde Udomxai sale a las 12, algo no cuadra, pronto saldremos de dudas.
Tardamos unas tres horas en llegar a Pak Nam Noi, y nos dicen que nos bajemos que vamos a cambiar de autobús. Qué recuerdos, estamos en el cruce hacia Phongshali, todo sigue parecido, buscamos con nuestra mirada el hotel de los grillos y allí está, más viejo que antes, pero sí, es aquel. No podemos evitar mirarnos y reírnos. Muchas mujeres Akhas de las aldeas cercanas venden brotes de bambú y nos quedamos ya sorprendidos de lo fácil que es ver de nuevo en Laos minorías étnicas.










Media hora de espera, cambio de autobús y en marcha. Enfilamos la carretera hacia Phongshali, pero ¿dónde está aquella pista de tierra?...ahora es una carretera asfaltada que mucho dista de la anterior. Pero esto es Laos y las sorpresas aún no han terminado. A los pocos kilómetros algo parece que va mal en el autobús. Todos para abajo,el autobús se ha roto, ya decía yo que íbamos a llegar demasiado rápido. En estos países todo se arregla igual, a martillazos, así que veremos si hay suerte.






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Llegamos a Phongshali, hace frío y ya es de noche, el viaje ha sido maravilloso a pesar de las averías, hemos pasado por un montón de aldeas Akha y estamos encantados, la zona promete. Parece que, aunque Laos inevitablemente también va hacia la modernización y pérdida de sus costumbres copiando el modelo chino, todavía quedan muchas cosas auténticas por descubrir.
Nos quedaremos varios día en Phongshali para inspeccionar la zona.

Recorrido:

1.Tea plantation y aldeas de alrededor B.Khounsouknoy (Phonnoi) elaboración del licor Lao-lao

2. Hatsa Pier, bote hasta Chakhampa (Akha Noukouy), Peryehxangkhao (Akha Noukouy), Chalern (Akha)

3.Samakhixay (Akha Pixor)

4. Muang Boun- carretera Ban Shampanxai- Paknamnoi

Lo vivido durante estos días es indescriptible, puedo escribir líneas y líneas sobre las experiencias que hemos tenido con estos pueblos, pero jamás llegaré a reflejar ni una milésima parte de todas las sensaciones que nos llevamos. Sé que nadie de estas aldeas leerá jamás estas palabras, pero tengo la necesidad de agradecerles de corazón su hospitalidad y la ocasión que nos han brindado de hacernos participes de sus vidas aunque solo haya sido por unas horas. Gracias a las mujeres Akha Pixor por acogerme con toda naturalidad en su día a día y mostrarme cómo adornan sus ropas con viejas monedas de la República francesa. Ellas nunca lo sabrán pero para nosotros ha sido y será una experiencia inolvidable que quedará para siempre en nuestros corazones.
No fue fácil llegar a ninguna de estas aldeas, muchos fueron los inconvenientes que tuvimos que superar, el frío, la lluvia, carreteras embarradas por las que nos íbamos jugando caernos con la moto, cruces de ríos en bote a no sé sabe dónde, caminatas de horas que no llevaban a ninguna parte con el riesgo de perdernos por la selva, miles de trabas que parecían indicarnos, ¡vamos dad media vuelta y no insistáis más en buscar minorías étnicas!, pero que gracias a no hacer caso a estas voces interiores, hemos vivido algo único e irrepetible.

Nos habría gustado hacer miles de fotos para plasmar aquellas imagenes y la belleza de los adornos, trajes y sombreros de las mujeres Akha, pero nuestra moral nos impide en muchos casos sacar la cámara de fotos e invadir su intimidad. Muchas mujeres pasean por las aldeas relajadas con los pechos descubiertos, y sabemos que no es agradable que venga un extranjero y además de invadirles su espacio se ponga a hacer fotos como si de un parque temático se tratase. Por respeto guardamos nuestra cámara y móviles y simplemente disfrutamos de la situación sin crear momentos incómodos solo por una instantánea.

Abandonamos la última aldea. Hemos pasado todo el día con ellos, ha sido maravilloso, nos han invitado a comer, a beber y simplemente a estar con ellos. Antonio ha jugado con los niños, bebido con los hombres hasta casi emborracharle. Ha sido surrealista, cierro los ojos y casi creo que no ha sido real. Tras todo el día juntos y ganarnos su confianza, acceden a ser grabados y hasta incluso hacernos alguna foto con ellos. Monto en la moto y no puedo evitar que alguna lágrima corra por mi rostro, ha sido tan especial, que la emoción me invade. Gente muy humilde, pero feliz, ojalá no cambien nunca.

Vídeo de aldea B.Khounsouknoy (Phonnoi), elaboración del Lao-lao

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Bote desde el embarcadero de Hatsa


  Chakhampa, con sus niños





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    Aldea B. Chalern


De camino hacia Peryenxangkao




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 De vuelta al embarcadero de Hatsa


 Vuelta en moto a Phongshali desde Hatsa pier


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Aldea Akha Pixor Shamakhixay


 Probándome el traje que estaban cofeccionando


Jugando con los niños




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Una gran familia


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Después de varios días en Phongshali decidimos volver a Paknamnoi, el pueblo de los grillos. Queremos quedarnos allí alguna noche para explorar las aldeas cercanas.

Recorrido:
1. Ban Kokphao-  Ban Nammaneua- Ban Nammatai- Ban Phousetthi- Ban Kopan- Paknamnoi. 9 horas caminando


La escuela





Haciendo autoestop, qué calor





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 El resultado después de hacer autoestop y montar en un camión lleno de tierra




 En una escuela cerca de Kokphao



¡Qué buenos son estos alumnos!

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Inevitablemente profesora, es ver una escuela y allá que voy

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 Nammatai


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Phousetthi



Nuestra llegada a Phousetti fue algo complicada, después de casi 5 horas caminando divisamos una aldea, estamos felices, hemos llegado a algún lugar aunque no sabemos muy bien adónde. Nos vamos acercando a la aldea, pero el recibimiento nos hace dudar de si seguir o no. Un montón de perros rabiosos salen a nuestro encuentro y no paran de ladrar, y la poca gente que hay son mujeres que se enconden en sus casas tras nuestro paso. Tenemos un momento de duda, quizás es mejor dar media vuelta, pero no nos queremos resignar a ello, hemos caminado más de cinco horas hasta aquí y por lo menos queremos ver la aldea si no nos lo impiden. Cojo un palo para ahuyentar a los perros y seguimos andando. Finalmente llegamos a la parte más alta de la aldea, un hombre se acerca y nos recibe, por fin. Sabe cuatro palabras de inglés y nos invita a pasar a su casa a tomar un té. De repente todo cambia, las mujeres salen y los niños se agolpan en la puerta de la casa para vernos. Conversamos un rato y le regalamos un paquete de té que nos había regalado Shuo San, se muestran sorprendidos y agradecidos. El hombre nos muestra el camino de vuelta hasta Kopan desde donde haremos autoestop para llegar antes del anochecer a Paknamnoi.


Paknamnoi









 Mujeres en Paknamnoi vendiendo brotes de bambú






La vuelta a casa de las Akhas, negociando con una furgoneta el precio

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Abandonamos la región de Phongshali con la memoria llena de buenos recuerdos. Imágenes que quedarán grabadas para siempre en nuestro alma. Todo cambia, todo fluye, eso es inevitable, es el constante movimiento de la vida, solo espero que lugares como estos sepan conservar la riqueza artística y cultural que poseen. Hoy escribiendo estas líneas nos volvemos a sentir más cerca de todas aquellas aldeas remotas que no aparecen en los mapas, y que al recordarlas una sonrisa se dibuja en nuestras caras por las experiencias que nos dieron el privilegio de vivir.

Desde Paknamnoi comenzamos nuestra vuelta pasando por Udomxay, Luang Nam Tha y llegando hasta Huay Xai para cruzar al día siguiente la frontera y llegar a Tailandia.
Qué rápido cambia todo, nos disponemos a cruzar a Tailandia. La frontera natural la forma el río Mekong que separa a los dos países. Hace seis años se cruzaba en un pequeño bote que te dejaba en la orilla Tailandesa, y el puesto de imnigración era una caseta de bambú donde te hacían el visado. Hoy han construido un enorme puente de hormigón, llamado el puente de la amistad con una aduana más grande que la de un aeropuerto, para atravesarlo tardas casi una hora entre trámites y transportes. Una sensación de tristeza nos invade, es la implacable modernización.



Laos siempre en el corazón, ¡Hasta la próxima!



1 comentario:

  1. Increíble experiencia y asombroso que tan sólo con una minúscula cámara de fotos y vuestro gran entusiasmo habéis compartido con todos nosotros vuestra gran vivencia.

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