11 de octubre de 2016

Camino de Santiago: Vía de la Plata (Zamora- Sevilla)



Desde Tábara, nos dirigimos hacia Zamora, donde termina el camino Sanabres y enlaza con la Vía de la Plata. Tenemos varias opciones para llegar a Zamora, por la nacional que no nos gusta nada, coger el camino, que en esa parte no está muy bien indicado con la posibilidad de perdernos al ir en sentido contrario o una tercera opción que es coger el trazado del AVE en construcción, que está paralizado y todavía sin vías. Decidimos tomar el AVE. Nuestra vista no alcanza a ver el final, una recta interminable que llega hasta Zamora. Es surrealista, dos bicis por el trazado del AVE, en algunas zonas hasta ha crecido sobre el camino un poco de hierba y todavía lo es más cuando nos cruzamos con una familia de ciervos que tampoco entiende de obras ni fronteras y atraviesan tranquilamente el camino.
El trayecto es cómodo ya que apenas hay desnivel, pero monotono. Atravesamos alguna zona interesante como un bonito lago con magnificas vistas, donde decidimos hacer una paradita y comer algo.


Zamora nos da su bienvenida y con ella la Vía de la Plata. Zamora es una ciudad histórica muy monumental, y ya que hemos llegado pronto tenemos toda la tarde para disfrutar de su belleza. El albergue municipal es de donativo y las instalaciones y su ubicación no pueden ser mejores, en pleno casco histórico justo al lado de la catedral, todo un lujo.
Pasamos la tarde paseando y visitando la ciudad como unos turistas, casi nos sentimos extraños al despojarnos de nuestro vestuario de ciclistas y ponernos ropa de calle.

 




Zamora ha dejado el pabellón muy alto y nos despedimos de ella después de haberla disfrutado. Pero Salamanca nos espera y desde luego sabemos que nos va a encantar como ya lo ha hecho en varias ocasiones. Desde Zamora el paisaje se ha transformado, una inmensa llanura de campos amarillos llena nuestros ojos de sorpresa y curiosidad. Atrás quedaron las montañas y los prados verdes.

Salamanca nunca decepciona ¡Qué ciudad más bonita! Sus calles son un continuo hervidero de gente de todas las nacionalidades. Los estudiantes extranjeros se mezclan con los turistas, los locales los estudiantes y los peregrinos, todos tienen cabida en esta ciudad que a nadie deja indiferente con su belleza. La catedral vieja y la nueva, la plaza mayor, la casa de las conchas, la Universidad, el jardín de Calisto y Melibea, custodiado por la atenta mirada de una Celestina que no pierde ojo de quién entra y sale del jardín.




El albergue de peregrinos está a la entrada del jardín, es también de donativo y un regalo más que ofrece la Vía de la Plata a los peregrinos al estar en un lugar tan especial como este.
Si Salamanca es bonita de día, de noche sus calles y sus monumentos se llenan de una luz que dotan al lugar de un encanto especial.

 

Decimos adiós a la capital para adentrarnos en campos salmantinos y llegar hasta un albergue muy especial que está en Fuenterroble de Salvatierra, es el albergue del Padre Blas.



El Padre Blas lleva varios proyectos solidarios, entre ellos un colegio en el que se da formación, educación, alojamiento y apoyo a chavales problemáticos o con pocos recursos. Al mismo tiempo intenta recuperar el espíritu solidario, hospitalario y desinteresado que antaño se ofrecía a los peregrinos y que hoy se está perdiendo en mercantilizando el Camino, como reclamo turistico.
A nuestra llegada nos reciben Goyo y Antonio, dos hospitaleros que nos enseñan las instalaciones y nos alojan en una habitación para nosotros solos con todo tipo de comodidades. Estamos sorprendidos y agradecidos por la hospitalidad y la atención que nos dan. Tras una placentera ducha de agua caliente, Goyo nos acompaña y nos muestra el pueblo y nos abre la iglesia para que disfrutemos de su interior y sus espectaculares tallas de madera del apóstol Santiago entre otras.  

 
 



Llega la hora de la cena y empiezan a llegar bandejas repletas de comida.  Tenemos un hambre voraz,  pero esta vez vamos a quedarnos más que satisfechos. Vaya atracón, menos mal que ya no tenemos que pedalear.
Tras la cena, una agradable sobremesa con el padre Blas, un cura muy cercano con el que compartimos experiencias docentes y divertidas historias de las que nos hace participe con mucho humor.
Los hospitaleros nos insisten en que nos relajemos y nos quedemos varios días a descansar y nos sintamos como en casa. Tanto insistir que finalmente decidimos prolongar nuestra estancia y quedarnos varios días.
Amanece y algún rayito se cuela por nuestra ventana indicándonos que ya va siendo hora de despertar, pero es que estamos tan a gusto que no queremos levantarnos, además hoy no tenemos prisa. Finalmente hacemos un esfuerzo y salimos, en la cocina ya está el desayuno preparado, hay de todo, vaya lujo, parece que estamos en un Hotel.
Aunque hoy iba a ser nuestro día de descanso, decidimos ir a hacerles una visita a los padres de nuestros amigos Cecilia, Bea y Alberto. Están pasando el verano en un pueblo cercano, La Maya, donde tienen una preciosa casita. El encuentro con Pepe y Charo, es estupendo y juntos pasamos un día muy agradable.


A nuestra vuelta a Fuenterrobles una copiosa y exquisita cena nos está esperando. Nos están tratando tan bien que no vemos el día de irnos y decidimos quedarnos un día más.

 

El Padre Blas tiene unos doce burritos en un campo cercano con los que organiza romerías e incluso hace algunos años fueron hasta Roma, no me puedo ni imaginar cómo debió de ser. A Antonio le encantan los burritos, así que nos acercamos con nuestras bicis para conocerlos.


 

Mañana son las fiestas de Fuenterrobles y nos insisten en que nos quedemos, pero después de tres días de descanso creemos que hay que seguir camino.
Hemos recargado pilas para seguir con nuestra aventura, así que decidimos desviarnos un poquito de la Vía de la Plata para conocer El Parque Nacional de las Batuecas, la Sierra de Francia y los pueblos de alrededor. Se acabaron los llanos, de nuevo montaña y cuesta arriba.
Esta zona es una sorpresa para nosotros, ya que ninguno de los dos la conoce y nos sorprende gratamente.


 

Nuestra primera parada es Miranda del Castañar, un precioso pueblo que cuenta en su historia con un pasado noble de reyes y condes. En su casco histórico se encuentra el castillo, la muralla y una bonita iglesia.


La carretera se endurece, pero el paisaje es muy bonito y nos anima a seguir avanzando.
Siguiente parada, Mogarraz, un pueblo de lo más curioso ya que en las fachadas de las casas un pintor del pueblo ha elaborado cuadros de las personas que habitaron en cada una de ellas antiguamente, tomando como modelo las fotos de su carnét de identidad. Este pueblo bien merece una visita, sus calles empedradas y sus antiguas casas hablan de un pasado glorioso, y hoy han sabido darle una salida economica con el turismo. La iglesia con su torre campanario separada llama la atención de todos los visitantes. 

 

 

 

No tenemos muy claro cuál será nuestro destino para dormir hoy. Un puerto de montaña nos separa de la Alberca, es pronto y todavía tenemos tiempo de afrontar algún reto más.
Conseguimos llegar a la Alberca, y nos sorprende la cantidad de turistas que hay, aunque no es el pueblo más bonito, pero sí el más famoso. Los alojamientos son caros y decidimos ir al camping que está a las afueras del pueblo.

 

Estamos a bastante altitud, por lo que ahora el camino será de bajada hasta Plasencia. Durante el camino atravesamos enormes extensiones de campos de olivos, en algunos están recogiendo las olivas, las recogen una a una y nos explican que si son para mesa no las pueden barear pues se dañan.

 

Abandonamos Castilla León y nos adentramos en Extremadura, la gran desconocida, la España profunda. Llegamos hasta Aldeanueva del Camino y nos alojamos en el albergue de peregrinos. Es un albergue de donativo de cuatro plazas y muy básico, pero es suficiente para pasar una noche. En la casa de al lado hay cuatro mujeres mayores sentadas en un sofá que habrán sacado a la calle para  no perder ni un detalle de lo que pasa en su pueblo. Hablan animadamente, yo estoy tendiendo la ropa fuera y escucho sus conversaciones. En solo un minuto ya han despellejado a medio pueblo con sus críticas de lo más retorcidas, y además han tenido tiempo de llamarle "desgraciao", "malencarao", y otras palabras que me da vergüenza reproducir a un hombre que pasaba por allí y que no las saludó simplemente porque no las vio. Socorro, vaya brujas, me dan miedo, menudas lenguas viperinas. Bienvenidos a la España de Buñuel y de la vieja del visillo, aunque creo que ambos se quedan cortos comparados con la realidad.
Nuestro próximo destino es Plasencia, una gran desconocida, pero el viajero que llega hasta aquí no le decepcionará, todo lo contrario se verá sorprendido por una ciudad con historia y salpicada de monumentos. Al entrar nos encontramos con el acueducto, que es realmente impresionante y está muy bien conservado.

 

 

 También merecen la pena la muralla, la catedral vieja, la catedral nueva con su espectacular pórtico de estilo renacentista, la plaza mayor con el ayuntamiento y su curiosa torre del reloj. 

 

 


 


Tras una visita muy disfrutada, seguimos camino hacia Grimaldo. Los pueblos aquí son ya de estilo andaluz, con casas impecablemente pintadas de blanco y decoradas con geranios. La actividad en estos pueblos gira en torno a la agricultura y la caza, y nos sorprende ver que extendida contunua la incomprensible “afición” de matar ciervos y jabalies.
Los extremeños hablan con una mezcla a caballo entre el desparpajo andaluz y al mismo tiempocon una forma seca y directa de decir las cosas, quizás más propia de Castilla.


Un nuevo día amanece, radiante y con un cielo azul impresionante que tantas veces echábamos de menos en Hong Kong. Atravesamos campos amarillos, embalses y sorteamos algunas vacas hasta llegar a Casar de Cáceres.

 

Casar nos recuerda a India, en concreto a Puskhar, en la zona de Rajastán. El paisaje es seco y árido y en el centro del pueblo hay un lago donde habitan algunas aves.


El albergue de peregrinos en la plaza del ayuntamiento, es de donativo y está dotado de todas las comodidades, cocina, nevera,  limpio e impecable y con duchas de agua caliente. En el albergue coincidimos con un americano, todo un ejemplo de superación, nos cuenta que tiene problemas en las rodillas y las caderas y viaja con un carrito atado a la cintura donde lleva la mochila. También hay un peregrino fantasma, que no sabemos muy bien ni de dónde es, ni si está bien. No nos ha saludado, no ha abierto la boca, solo se ha tumbado en la cama con la camiseta llena de hierba seca pegada y solo se ha levantado para tomarse dos cerveza, menudo personaje. A veces en el camino se coincide con gente de lo más peculiar.

Nos levantamos muy temprano para aprovechar el día, queremos visitar Cáceres, pero la idea es dormir en el albergue de Alcuescar. Hace años visité Cáceres con mi familia, entonces me pareció una ciudad histórica preciosa pero quizás algo desangelada y con poco ambiente, veremos si ha cambiado.
Llegamos a Cáceres, es pronto y la ciudad empieza a despertar.  Nada más entrar en la ciudad noto algunos cambios, más ambiente y un aire más renovado.
Desde la plaza mayor, ahora peatonal, con cafeterías y restaurantes con terraza, nos dirigimos al casco histórico medieval y lleno de monumentos perfectamente conservados, por eso no es raro que muchas de las películas inspiradas en la Edad Media se rueden en este increíble emplazamiento. En España ahora casi todas las catedrales son de pago, pero en Cáceres si eres peregrino puedes visitar gratuitamente la Concatedral de Santa María y subir al campanario para obtener una bonita panorámica de la ciudad. Esta ciudad tiene magia y nos ha encantado, además ha mejorado muchísimo desde la última vez que la visité.

 

 



 

 
 


Nos alejamos poco a poco de esta reliquia del Medievo  hasta llegar a nuestro lugar de descanso con nombre de flatulencia, Alcuescar. El albergue de peregrinos pertenece nada más y nada menosque a la Comunidad religiosa de Los esclavos de María y los pobres. Los hospitaleros voluntarios nos informan que hoy somos muchísimos peregrinos unos 30, pero que no nos preocupemos pues hay sitio y cena para todos. No dejamos de sorprendernos, estamos en octubre y sigue habiendo muchísimos peregrinos y la gran mayoría extranjeros. En los últimos años el camino de Santiago ha experimentado un boom increíble y todos los caminos reciben peregrinos en cualquier época del año.
Son las 6.30 de la mañana y es totalmente de noche, pero hay que abandonar el albergue antes de la 7 con lo que estamos ya preparados con nuestras alforjas en las bicis y esperando en la puerta a que se haga de día. Es una situación un poco ridícula, pero así son las normas y aunque a muchos peregrinos parece que le encanta salir de noche y no ver nada, para llegar los primeros a los albergues,  nosotros preferimos disfrutar de los paisajes aunque tengamos que dormir en el suelo o en la calle, como nos ha tocado alguna vez, con tal de no entrar en carreras y disfrutar del camino, porque a fin de cuentas esa es la aventura, dejarte llevar por lo que te depare el día. Poco a poco las estrellas y la luna empiezan a darle paso a un tímido sol. Hace frío, pero en unas horas el sol calentará el ambiente. El destino de hoy es Mérida.



En el camino hacia Mérida, atravesamos por campos llenos de olivos y encinas donde cerdos ibéricos y ovejas,  pasean a sus anchas comiéndose las bellotas.

 

 

 

 

 

Qué maravilla y qué riqueza cultural e histórica tiene España, no solo estamos viviendo la experiencia del camino, sino que también estamos conociendo España de una forma muy diferente. La bici te permite ir a una velocidad ideal para no perderte ningún detalle. Nos sentimos muy felices y además hoy 4 de octubre es el cumpleaños de Antonio y que mejor manera que celebrarlo en esta maravillosa ciudad.  
Son las doce, hemos llegado pronto, así que tenemos todo el día para hacer turismo por la ciudad y relajarnos un poco. En Mérida visitamos, el Teatro romano, el anfiteatro, el templo de Diana, el arco de Trajano, el acueducto de los milagros, la catedral, que aunque yo ya los había visitado tiempo atrás, siempre merece la pena una nueva visita. 

 

 


Las ruinas romanas están repartidas por la ciudad, hoy no muy grande, pero sus majestuosos monumentos  nos hacen pensar en lo importante que debió de ser. Ante el anfiteatro cierro los ojos y me transporto a aquella época, tuvo que ser apasionante para sus ciudadanos acudir a los espectáculos con las gradas llenas de gente y sentir  la euforia  que se derrochaba en estos actos.



 

Desde Mérida tomamos rumbo hacia la pequeña localidad de los Santos de Maimona. Entramos en tierra de vinos, el de la Ribera del Guadiana. A nuestro alrededor todos son olivos y viñas, el campo huele a aceite y los tractores se afanan en trasladar toda la cosecha recogida a las coperativas para transformar la aceituna en nuestro oro líquido y las uvas en vino.

 



 

No nos podemos resistir en probar algún racimo de uvas para degustar si el vino que saldrá de ellas será de buena calidad, jeje.


Los Santos de Maimona es otro pueblo de casas encaladas. El albergue es nuevo y está muy bien, totalmente equipado con cocina y unas habitaciones con sábanas y edredones, parece nos hace sentirnos como en un Hotel.
Nos levantamos pronto y con los primeros rayos de sol salimos. Nuestro destino para hoy es Monesterio, pero antes pasaremos por Zafra. Nada más salir hay que subir un alto desde el que se ve todo el pueblo, pero que en frío no sienta muy bien.

La ciudad de Zafra se remonta a la época de los romanos pero por ella pasaron posteriormente grandes nobles y condes que dejaron su patrimonio en lo que es hoy una bonita localidad. En ella visitamos, la Plaza Grande, la Plaza Chica, el Ayuntamiento y el Palacio de los Duques de Feria, hoy reconvertido en parador. Siempre es interesante entrar en los paradores, ya que la mayoría son monumentos históricos y en ellos se intenta mantener una decoración acorde a la época y el estilo al que pertenecieron, y por qué no, también decirlo, tienen unos baños que están muy bien donde te puedes perfumar, echar crema y hasta hay enjuague bucal. Entro en el parador y tras una visita me dirijo a los baños, qué maravilla hay de todo, es muy tentador coger esos botecitos pequeñitos de body milk y aunque al principio me resisto,  después pienso, están aquí para utilizarlos, y quién mejor que nosotros, jeje, así que cojo los tres botecitos. Al salir del parador le cuento a Antonio lo que he hecho, él no para de reírse, finalmente abre sus manos y me dice: “ mira”, y veo dos botecitos de crema, él ha hecho lo mismo que yo, jaja, no puedo creerlo, vaya dos… nos reímos por la hazaña y seguimos viendo la ciudad.


Des Zafra a Monesterio el camino no está muy bien marcado, decenas de bifurcaciones nos hacen equivocarnos una y otra vez  y cuando creemos que ya hemos enfilado el camino correcto nos encontramos con un gran charco que nos dificulta continuar, pero que finalmente atravesamos sin problemas para seguir hacia nuestro destino.


Poco a poco nos vamos acercando a Sevilla, qué ilusión es una ciudad que no visito desde que era niña y la verdad no recuerdo nada, han pasado muchos años y supongo que además la ciudad habrá cambiado mucho. Otro motivo por el que también tenemos ganas de llegar es para encontrarnos con nuestra amiga Mercedes, que vive allí y que vemos muy poco.
Pero todo lleva su tiempo y hoy llegaremos a Castilblanco de los Arroyos. Por el camino vamos atravesando dehesas, muchas de ellas con ganado bravo y alguna propiedad de toreros conocidos, como lo fue la Dehesa Yerbabuena que perteneció a Rocío Jurado y Ortega Cano. Pasamos por la puerta y no podemos evitar parar y hacernos unas fotos, justo en ese momento llega un coche a la finca, se baja el conductor y se dirige a nosotros, suponemos que viene para decirnos que nos vayamos pero ante nuestra sorpresa se acaba haciendo un  selfish con nosotros para colgarla en su facebook. Nos cuenta que es el apoderado de un torero y que su mujer mexicana es la actual dueña del cortijo.


 

 

Continuamos por una carretera secundaria  muy tranquila por la que apenas pasan coches y junto al parque natural de Sierra Morena, los Berrocales y el parque forestal de Almadén de la Plata. Giro la cabeza y justo a un lado de la carretera veo varios ciervos y un pequeño cervatillo, qué maravilla. A lo lejos se divisa un pequeño pueblo, blanco y reluciente por la luz del sol que refleja en las paredes de las casas.
LLegamos a Castiblanco y se nota que estamos en Andalucía, la gente disfruta en las terrazas de la plaza de una cervecita. El albergue de peregrinos es de donativo y está equipado con cocina y nevera. Un agradable hospitalero nos aloja y nos explica el funcionamiento del albergue, después damos un paseo por el pueblo y a descansar. Estamos muy cerca de Sevilla, así que mañana llegaremos.
Amanece y subimos a la terraza desde dondese ve todo el pueblo.


Abandonamos las dehesas y los campos de encinas que poco a poco dejan paso a un paisaje mas llano con campos de naranjos y limoneros.
De camino a Sevilla queremos pasar por Camas. De allí es Edu, un excompañero de trabajo y amigo de Hong Kong, y nos hace ilusión conocer su pueblo. Edu nos ha comentado que tiene un buen amigo que trabaja en la biblioteca municipal y aunque no le conocemos queremos pasar a saludarle. Al llegar  nos encontramos la biblioteca cerrada, se nos pasó un pequeño detalle: hoy es sábado.


Llegar a Sevilla me recuerda a mis compañeros de trabajo de Hong Kong, muchos de ellos de aquí y con los que  pasamos muchas horas juntos, sufriendo y también disfrutando. Es maravilloso llegar a una ciudad en bici y encima tener la suerte de reencontrarte con amigos, en este caso con nuestra amiga Mercedes. Tenemos muchas ganas de verla y compartir todo lo que hemos vivido durante este tiempo. Mercedes se ofrece a alojarnos en su bonita casa. En principio nuestra idea es pasar dos días en Sevilla, no queremos abusar de su hospitalidad, pero la verdad es que Sevilla es una ciudad preciosa y la compañía no puede ser mejor, así que ya veremos.  Que mejor entrada a Sevilla que por el barrio de Triana, es sábado, luce el sol y hay un ambientazo increíble. Una calesa con unos novios pasa delante de nosotros. Como dicen Los del Río, “Sevilla tiene un color especial”.


Cruzamos el Guadalquivir desde Triana y divisamos la Torre del oro y Maestranza, después llegamos hasta la catedral imponente y a su lado la Giralda, una maravilla para la vista.



 

Cruzamos el Alcázar y casi enfrente la casa de Mercedes, que se encuentra en un lugar privilegiado.
Es la una y media, Mercedes nos oye y se asoma por la ventana. Han llegado los ocupas a Sevilla, jaja. Nos damos una ducha rápida nos cambiamos y ¡¡¡a comer!!!
Todos estamos muy contentos por nuestro reencuentro. Mercedes nos hace de guía y nos lleva a la plaza de España, el barrio de Santa Cruz y de nuevo paseamos por los alrededores de la catedral. Llega la noche y que mejor que tomar algo en las animadas terrazas de los bares. Pasamos un día genial riéndonos y visitando Sevilla.

 
 

Esta ciudad tiene mucho encanto y uno nunca se cansa de pasear por sus ambientadas calles. Es domingo y como Mercedes hoy no trabaja disfrutamos del día juntos. No podemos irnos de Sevilla sin probar el pescaíto, boquerones fritos, calamares, cazón en adobo, mmmmmmm, qué rico.
Nuestra idea es estar solo dos días en Sevilla, pero lo hemos pasado tan bien y hemos disfrutado tanto de la ciudad y de la compañía, que no hemos tenido tiempo de preparar nuestro recorrido a partir de ahora. Así que decidimos quedarnos un día más. La Vía de la Plata termina en Sevilla, por lo que tendremos que buscar la mejor alternativa para seguir hasta Tarifa. Se terminaron los albergues y las flechas amarillas del camino, nada va a ser fácil, se abre una nueva etapa de nuestro viaje.

1 comentario:

  1. Seguro que ha debido de ser una experiencia increíble. Enhorabuena

    ResponderEliminar