5 de noviembre de 2016

Tarifa - Alicante

Tarifa tiene magia. El hecho de encontrarte en el punto más septentrional de Europa, unido al tener el continente africano a tan sólo 15 km hace de este lugar un sitio único. Además aquí se respira un ambiente especial. Es la meca de los kiters y windsurfistas, también de los caravanistas y punto de referencia de grandes viajeros antes de iniciar su periplo por África o una vez concluido este y de regreso al viejo continente. 




Este otro fin del mundo, por lo menos del occidental, nos retiene tres días. La primera noche la pasamos en la zona de acampada de Valdevaqueros, lugar curioso donde se mezclan hippies venidos de toda Europa con autobuses o camiones que parecen retirados del desguace y que no sabemos cómo han podido llegar hasta aquí. También autocaravanas de último modelo, muchas camper y hasta gente en tienda de campaña. Nosotros, llegados en bici y durmiendo en una pequeña tienda, pasamos desapercibidos entre tanta diversidad de viajeros.

Las dos siguientes noches las pasamos en el camping Río Jara. Disfrutamos de unos buenos paseos por la playa y unas espectaculares puestas de sol. 



 


El día que nos proponemos salir hay un viento de levante fuerte pero decidimos no posponerlo y nos lanzamos a subir el puerto de El Bujeo con el viento de cara. Cuando llevamos unos pocos pero duros kilómetros de subida noto que algo está fallando en el sistema de cambios de piñones de Unicornio (mi bici). No puedo subir el puerto sin poder cambiar de marchas. Tenemos que bajar de nuevo a Tarifa y volver a la tienda de bicis donde tras dos horas en el taller podemos arreglarlo. Terminamos saliendo a las 12 de la mañana.  Aún así conseguimos hacer 80 kilómetros y llegar al camping de Jimena de la Frontera justo antes de que se haga de noche, eso sí exhaustos, pero satisfechos. La ruta ha sido muy bonita, evitando atravesar Algeciras y abandonando la carretera nacional para tomar carreteras secundarias por el Parque Natural de los Alcornocales, un auténtico paraíso en el sur de Cádiz.



Al día siguiente, súper motivados por la belleza del paisaje y de los pueblos blancos gaditanos por los que pasamos, conseguimos hacer otro etapón y llegar a Ronda, recorriendo un relieve accidentado y salvando un gran desnivel. Desde que salimos de Tarifa y durante los siguientes días hasta que lleguemos a Granada nuestro recorrido coincidirá con la Ruta de los Almorávides y Almohades, legado Andalusí, por donde transitaron árabes, bereberes y viajeros de toda clase atraídos por la magia de este paisaje y de sus pueblos, hasta llegar a Ronda “la ciudad soñada”. Pero antes de llegar, el camino por el valle del Genal nos deleita con un rosario de pueblecitos blancos como Gaucín, Algatocín, Benadalid, Benalauría y Atajate, con su pintoresca estampa de casas encaladas sobre laderas rocosas y cascos urbanos compactos y laberínticos. Pueblos llenos de historia escrita durante siglos por musulmanes y cristianos, conquistadores y reconquistadores.




Cuando nos queremos dar cuenta nos encontramos en la provincia de Málaga. La serranía de Ronda hace acto de presencia. Hasta ahora cuando escuchaba “Málaga” me venía a la cabeza la imagen de una costa extremadamente urbanizada, donde cuando termina un pueblo comienza el siguiente y no queda un metro de litoral sin construir ni espacio para la naturaleza. Después de este viaje tendré una imagen muy distinta y mucho más idílica de la provincia, pues en el interior, montañoso y rural, la naturaleza es la gran protagonista.

En Ronda nos alojamos por primera vez usando Airbnb, debido a que nadie de Warmshower o Coachsurfing nos contesta.  Además conseguimos que nos dejen una habitación por 15 euros, más barato que el camping. El anfitrión es un chico muy majete que nos da total libertad para usar toda la casa, incluida cocina, además apenas para en ella. Dejamos las bicis en el patio de la casa de su padre, todo un personaje, legionario retirado, que participó en la guerra del Sahara y que casi nos hace besar la bandera mientras decimos “arriba España”.
Anuncian lluvias para mañana así que decidimos quedarnos un día más. 
Al día siguiente nos dedicamos a visitar la bonita ciudad, situada en un emplazamiento majestuoso al filo de un tajo vertical.
 


El viaje tiene que continuar y marchamos, pero Ronda nos deja un recuerdo imborrable.

El día de descanso nos ha dado fuerzas para realizar otro etapón de 100 kilómetros hasta Antequera, esta vez más llano y con paisaje más seco. Optamos por dormir en un camping pasado Antequera dirección a El Torcal. Son 5 kilómetros de subida y el cielo amenaza con tormenta. En el camping nos ofrecen una habitación bastante apañada, y con la previsión de lluvia para la noche no dudamos en cogerla. Efectivamente la previsión se cumple y por la mañana decidimos no continuar en espera de que pase la borrasca. Aun así, como no sabemos estar quietos, decidimos subir en bici a conocer El Torcal, un paraje natural a 15 Km. Cuando llevamos unos kilómetros de ascenso con una pronunciada pendiente y un viento en contra tan fuerte que literalmente apenas nos permite avanzar, y con unos nubarrones negros que anuncian “la tormenta perfecta”, decidimos darnos la vuelta. Así que volvemos al camping y nos damos un homenaje en el restaurante comiendo calentito y continuamos con un baile con música en directo, que nos hace estar entretenidos toda la tarde mientras fuera llueve.



Tenemos tiempo para preparar la ruta de mañana y entre todas las opciones vemos por google maps que hay una pista que ataja bastante y que nos podría hacer ahorrarnos una buena cantidad de kilómetros. Así que a la mañana siguiente, bien temprano partimos. Pronto encontramos el desvió y nos metemos por la pista que en un principio parece en buenas condiciones. Cuando llevamos unos pocos kilómetros la pista se va estropeando, cada vez más y acaba siendo un camino de cabras lleno de barro. Con la esperanza de que sean solo unos pocos metros y luego mejore, continuamos y acabamos metidos en la boca del lobo con barro hasta las orejas y las ruedas con tanto barro que bloqueadas nos impiden avanzar ni siquiera bajados de la bici y tirando de ella. Nos cuesta dos horas y mucho esfuerzo físico salir del atolladero en el que nos hemos metido y cuando por fin llegamos al asfalto, las bicis y todo nuestro equipaje está en un estado lamentable. Las circunstancias nos obligan a volver al camping y pasar una noche más y aprovechar para lavar las bicis con una manguera que nos dejan. También nos da tiempo para bajar a Antequera y visitar el pueblo que es bastante bonito.

 

 
 Salimos de Antequera en dirección a Archidona. Allí preguntando, una mujer nos recomienda un camino alternativo para llegar a Zafarraya, todo un acierto pues transcurre por un paisaje que nos sorprende por su belleza y a medida que nos vamos acercando, este se vuelve más inhóspito, recordándonos a zonas tan montañosas como Picos de Europa.

Nos han dicho que en esta zona hay muchos pueblos con albergue municipal, así que preguntamos en este y nos informan que efectivamente hay uno pero que este tipo de albergues es para inmigrantes que vienen de jornaleros para el campo en temporada de recogida, ya que esta zona es rica en tierra y agua y abundan las huertas de hortalizas, en esta época, tomate, calabacín y lechuga.



Continuamos unos kilómetros más y nos desviamos cinco kilómetros hacia el interior del Parque natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, en busca de una zona de acampada permitida, una especie de área recreativa en la que pasamos la noche muy a gusto, rodeados de naturaleza.




Al día siguiente en dirección a Alhama de Granada nos cruzamos con tres parejas de cicloturistas de unos 70 años. Enseguida nos paran para hablar con nosotros. Son de Canadá y han venido expresamente a España para hacer un viaje con las bicis por Andalucía. Estos encuentros no dejan de sorprendernos. Hasta ahora no habíamos sido conscientes de lo popular que se está haciendo viajar en bici, y de que España es uno de los mejores países para hacerlo pues lo tiene todo, un clima estupendo, paisaje, ciudades monumentales, además de ser tan rico en diversidad y plural en cultura y tradiciones.



Continuamos por las estribaciones de la sierra hasta que dejamos las pistas forestales para tomar una carretera que va al pantano de los Bermejales. Seguimos dirección a Albuñuelas, por una carretera que no para de subir. En el cruce con la carretera que va a Almuñecar les preguntamos a unos operarios de una brigada forestal dónde podríamos pasar la noche y nos recomiendan otra zona de acampada controlada, esta vez más coqueta si cabe, pues tiene unos refugios para cazadores muy bien conservados y con chimenea. Así que, hacia allí vamos por unas pistas entre pinares y ramblas, por un paisaje que no deja de sorprendernos. Llegamos al refugio y me doy una ducha en una fuente de agua congelada. Después enciendo la chimenea para entrar en calor, pero el tiro de la chimenea, como suele pasarnos en estos casos, no va bien y nos deja la habitación con tanto humo que terminamos apagándola y abriendo la puerta y las ventanas para que se vaya toda la humareda
.



Pasamos muy buena noche en la choza y a la mañana siguiente continuamos bajando hasta Albuñuelas. De camino nos cruzamos con un lugareño en burro que por su vestimenta parece un bandolero salido de la serie de Curro Jiménez, recordándonos aquella época en la que eran tan común en Andalucía, precisamente en Sierra Morena, Despeñaperros y la Serranía de Ronda, donde se dedicaban al pillaje y al contrabando y asaltaban a los viajeros en los caminos de las montañas. Afortunadamente, este bandolero pasa de largo con su burro sin prestarnos atención.



Nos sorprende y a la vez nos alegra ver que a lo largo de la geografía española todavía hay muchas zonas que permanecen dormidas en el tiempo y sus habitantes continúan llevando una vida no muy diferente a la de sus antepasados, tranquila y ajena al consumismo y estrés urbanita.

Desde Albuñuelas se ve enfrente el majestuoso e imponente macizo de Sierra Nevada que ya no abandonaremos durante casi una semana, hasta llegar a Almería.
Pueblos como Saleres, Restabal, o Pinos del Valle son otra sorpresa más en el camino.
Tras una bajada pronunciada, hasta el Embalse de Beznar, termínanos perdiendo todo el desnivel que habíamos subido en las etapas previas.
Cruzamos la autovía Granada-Motril e iniciamos de nuevo el ascenso hacia las Alpujarras. El primer pueblo que nos recibe es Lanjarón, famoso por sus manantiales de aguas termales y su balneario.


El siguiente es Orgiva, pueblo al que podría dedicar un apartado especial por todo lo que nos pasa, pero que intentaré resumir.
Para empezar os contaré que la zona de las Alpujarras ha sido desde los años 60 un imán para hippies y bohemios, gente hastiada del mundo capitalista que buscaba en estas tierras un estilo de vida alternativo. Escapando de la ciudad hacia un medio rural, ocuparon cortijos abandonados y empezaron a labrar la tierra.  Incluso antes de la llegada de los hippies, las alpujarras era un paraje de peregrinaje de locos, soñadores y escritores románticos. Hoy Orgiva, un pueblo de cinco mil habitantes, es un enclave cosmopolita y multicultural.

Como todas las cosas nos van sucediendo por fruto de la coincidencia, y porque nada pasa por casualidad, al llegar a Orgiva, como por cosas del destino, acabamos en una plaza que está llena de hippies, cumpliendo todos los cánones y estereotipos:  ropas de colores chillones, pelo largo o rastas, con flautas, guitarras y tambores, muchos de ellos extranjeros. Es como una gran concentración en un concierto de música alternativa. Preguntamos a los tenderos de un puesto de frutas y nos dicen que todos los días son así y que lo raro sería que no estuvieran allí. Seguimos preguntándonos el por qué. Aunque nuestra idea inicial es irnos a dormir al camping, me acerco a un grupo de ellos a preguntarles si conocen algún sitio donde podamos poner nuestra tienda y pasar la noche. Inmediatamente nos dicen “claro! Veniros a Beneficio”.

Beneficio es un lugar difícil de ponerle una etiqueta, pero para que nos entendamos podríamos definirlo como la comunidad hippy más antigua de la Península y la más grande de Europa.

Se cumplen 35 años de su fundación. Una pareja de ingleses, fueron los primeros en asentarse aquí tras un encuentro internacional rainbow (los valores de la rainbow family son: paz, amor, libertad, espiritualidad y respeto a la naturaleza). Estos ingleses "liberaron la tierra", lo que en jerga hippie significa comprarla y ponerla a disposición de todos. Lo consiguieron con donativos. Ahora cuenta con más de 250 habitantes fijos de 15 nacionalidades  entre ellas unos 50 niños, y aparte de los fijos ha llegado a acoger a 300 personas más.

Algunos son nómadas y viven en furgonetas pintadas con flores hippies con las que viajan por el mundo (los llamados new age travellers), otros se han asentado definitivamente en casas de paja, cabañas de madera, tiendas de campaña, tipis indios y yurtas mongolas, algunas hasta con luz de paneles solares.




A Beneficio se accede por un camino de tierra situado entre Órgiva y Cáñar. Al llegar hay un pequeño parking con furgos y caravanas con matrículas de países como Francia, Holanda o Alemania.

A la entrada hay un gran tipi, (tiendas de los indios norteamericanos) que actúa como centro de reuniones y donde se tocan instrumentos musicales y se canta. Aquí los niños corren libres y tienen un colegio en plena naturaleza. También hay una tahona de pan.

 


Desde que llegamos, todo el mundo ha sido muy amable con nosotros. Acampamos aquí un día y aprovecho para ducharme en el manantial que fluye por el valle.

Cuando cae la noche, la música pasa a ser la lengua común de sus habitantes. En el Big Lodge comienzan a oírse los ritmos. Retumban los tambores.

Nos falta tiempo para concluir si la moral, los valores y la manera de vivir de esta comunidad representa una ruptura con el sistema del que huyen cuyo símbolos son el dinero, la urbe, la deshumanización y el consumismo.
Lo que sí podemos decir, es que es una comunidad abierta a todo el mundo en que no se juzga ni discrimina a nadie. Beneficio no tiene muros ni derechos de admisión.

Dejamos el Valle del Guadalfeo y continuamos hacia la alta Alpujarra atravesando los pueblos de Baracas, Carataunas y Soportujar. De camino a Pampaneira tomamos un desvío que lleva a Oshelin, un centro de retiros budista fundado por la madre de Oshel, el niño lama, y que venimos siguiendo su trayectoria desde que hicimos un retiro en el templo de Tushita, en Dharamsala (India). Nos lleva más de tres horas alcanzar los 1600 metros donde se encuentra el centro con casi mil de desnivel por una pista de tierra de trazado sinuoso en la que se sucede curva tras curva. Pero nos compensa el esfuerzo al llegar a este rincón de difícil acceso, un lugar tan apartado de la civilización donde se respira una paz especial, con unas vistas magnificas y un aire puro.





Bajamos y continuamos hasta Pampaneira, allí conocemos a un cicloviajero suizo que viene de Granada y pretende llegar hasta Valencia, así que compartimos camino durante dos días. Dormimos en Pitres.

Al día siguiente continuamos hasta la turística Trevelez, tan cerca del Mulhacen que ganas nos dan de dejar la bici por un día y subir a su cima. Seguimos hasta Laroles.
 







Dejamos las Alpujarras granadinas para adentrarnos en la gran desconocida, las Alpujarras almerienses, que ni siquiera sabíamos que esto existía. Los autocares y coches de turistas se dan la vuelta en Trévelez y son pocos los que continúan por esta carretera que transcurre por las faldas del Parque Natural de Sierra Nevada. Lugares como Juviles, Bérluches, Válor, Mairena, Laroles, Paterna, Bayárcal, Laujar de Andarax, Almocita o Canjayar, pueblos blancos de casas encaladas, con cascos urbanos estrechos y alargados que se acomodan a la fisionomía de la montaña, con sus callejas empinadas y plazuelas abiertas al sol del mediodía. Tenemos la suerte de llegar con la fiesta de la castaña, tradición que coincide en fecha con la más moderna e importada Halloween, así que los habitantes están de celebración y se nota en el ambiente.






En el paisaje de la Alpujarra almeriense se suceden los cultivos en bancales de viñedos, almendros y cerezos y buenos miradores. El recorrido inicialmente creíamos iba a ser menos exigente pues la cota máxima la alcanzamos en Trévelez, pero el sube y baja de la carretera no da tregua ni un instante. Aún así nos chupamos 80 kilómetros desde Laroles hasta Rioja.


 


El último pueblo de las alpujarras es Alhama de Almería, con su balneario de San Nicolás y su casco urbano de pasado árabe, además de restos de su fortaleza nazarí.

Nos dejamos caer hasta el Mediterráneo por el valle del río Andarax. El paisaje es cada vez más seco. Montañas agrietadas y suelos erosionados dan señas de que aquí las precipitaciones son muy escasas, y de que cuando llueve lo hace torrencialmente. Cerca queda el Desierto de Tárbernas y este paisaje nos resulta estremecedor, casi nos da miedo. 




La sorpresa de la jornada la tenemos cuando nos enteramos que en Rioja, a unos 15 kilómetros de Almería, hay un albergue de peregrinos del Camino de Santiago. Quién nos iba a decir que en este rincón de la península, tan alejado de Santiago íbamos a poder dormir presentando nuestras compostelanas. Además el albergue, recién estrenado, está de lujo y evidentemente estamos nosotros solos.

Al día siguiente podemos respirar la brisa del Mediterráneo, del que hemos estado alejados desde que salimos de Tarifa. Un breve recorrido por Almería, incluido una visita a la alcazaba, nos sirve para conocer dos cosas de esta ciudad, que la gente aquí es súper agradable y que Almería tiene un montón de kilómetros de carril bici.




Tomamos la carretera de la costa y ahora sí, no pretendemos dejarla hasta llegar hasta nuestro destino final, Alicante. Pero aunque la carretera ahora vaya cerca del mar, el perfil no nos permite relajarnos ni un minuto. Enseguida empiezan las montañas del Parque natural del Cabo de Gata.






Un cambio de rasante brutal, como de montaña rusa, nos conduce a la Torre de la Vela Blanca. 




Aquí termina la carretera y una barrera prohíbe el paso a vehículos, pero no a bicis, así que iniciamos el fuerte y revirado descenso por una pista hasta las playas del Mónsul y los Genoveses.  




Nos encantaría pasar la noche aquí pero no llegamos a atrevernos a montar la tienda ya que es un Parque natural y puede estar más controlado, así que llegamos hasta San José, cuando ya es totalmente de noche, para averiguar que el camping está cerrado por fin de temporada. Nos informan de un albergue juvenil y aunque está semi-cerrado, nos dejan dormir, eso sí, no conseguimos que nos rebajen ni un euro, pero ya es de noche y no nos queda otra opción. A cambio aprovechamos la cocina para hacer una rica cena.


Nos levantamos tarde y no tenemos ganas de pedalear. Llevamos dándole mucha caña desde que entramos en las Alpujarras y además vamos demasiado rápido, no queremos llegar tan pronto a Alicante, nos gustaría prolongar nuestro viaje y más mientras siga acompañándonos este tiempo veraniego y eso que hoy es 1 de Noviembre.

Así que nos lo tomamos con calma y solo hacemos 23 kilómetros hasta el pueblo de las Negras. Por el camino nos paramos en varias playas y nos echamos una buena siesta en la de los Escullos, algo que habíamos dejado de hacer. Tentados estamos de montar la carpa en una playa cercana a la Isleta del Moro, la aldea de sabor más marinero de la comarca, pero nuevamente nos volvemos a achantar y terminamos en el camping de las Negras, no sin antes subir el mirador de la Amatista, tremendo despeñadero desde el que se dominan los 20 kilómetros de calas y promontorios que se suceden hasta la Torre de la Vela Blanca.

Sorprendidos nos quedamos de que la especulación urbanística haya llegado hasta este rincón en el que ya había estado hace 15 años y entonces era una cuarta parte de lo que es hoy.




Empezamos el día con subida del puerto de las Hortichuelas. Hemos madrugado tanto que no había nada abierto para desayunar, pero cosas del destino, a mitad del puerto, cuando Yeni estaba al borde de la pájara técnica, nos encontramos una furgonetilla averiada, y mira por donde, es el panadero que hace el reparto por todos estos pueblos, así que nos suministra unos buenos bollos y una barra de pan que nos dan la energía suficiente para continuar y es que la comida es la gasolina para que nuestras bicis tiren. Jamás en la vida habíamos comido tanto como en este viaje. Cada tres o cuatro horas paramos en un super para repostar y no tardamos en devorar todo lo que compramos.

Llegamos a la comarca de Níjar, concretamente a Agua Amarga, lo que en su día era la tierra más pobre de España, en la que solo había lagartos y piedras. Hoy un milagro del turismo para los cuatro pescadores dedicados a la almadraba que vivían antaño en la antigua aldea.

Más al norte, ya casi llegando a Carboneras, se encuentra la playa de los Muertos y al final de la carretera, aparece Carboneras, un lugar harto industrializado para estos desiertos. Nada menos que una enorme cementera, una desaladora y una central térmica son las sorpresas que te encuentras en primera línea de la costa como bienvenida antes de entrar en el pueblo. Claro que para despedirnos nos encontramos la joya de la corona, el ya famoso hotel el Algarrobico, uno de los mayores escándalos urbanísticos del litoral, símbolo de la destrucción de la costa y que con los años se ha ganado por meritos propios ser la imagen que representa la España de especulación urbanística y la corrupción. 





Continuamos por la esquina más árida y ardiente de la península Ibérica. Mojacar, Garrucha, Playas de Vera y Villaricos son zonas que hasta en esta época de año tiene turismo, sobre todo extranjero.

Antes de llegar a Águilas, en unas calas de Calarreona, pasamos la noche haciendo acampada libre junto a un grupo numeroso de autocaravanas procedentes de toda Europa, aunque la residencia habitual de sus propietarios es España desde que estos se jubilaron. Además se conocen los mejores sitios para pernoctar sin ser molestados, así que nosotros ya hemos aprendido que antes que ponernos a buscar, lo mejor es ir directamente donde están ellos.

Una espectacular salida del sol por el mar es la mejor manera de empezar el día.





Aunque ya solo nos quedan menos de 200 kilómetros para llegar a casa, todavía estamos en territorio desconocido. De Águilas a Puerto de Mazarrón, pasando por el Cabo Cope y Calnegre. Zona muy seca pero donde sorprendentemente se haya gran parte de la huerta murciana. 






En Mazarrón me doy el último baño de la temporada. Es Noviembre y el agua todavía está muy buena.




Desde Mazarrón tenemos que subir el último puerto de este viaje, el de la Muela-Cabo Tiñoso y después un descenso hasta Cartagena donde visitamos su casco histórico y su puerto situado en una bahía muy cerrada.

Desde Cartagena tomamos una carretera que nos lleva directamente a San Javier y de allí a Santiago de la Ribera y San Pedro del Pinatar.

Aquí empieza una de las zonas más urbanizadas de la Costa Blanca. Desde Pilar de la Horadada hasta Guardamar del Segura es una sucesión continua de urbanizaciones de bungalows, consecuencia de la barbaridad urbanística que se ha cometido en Torrevieja, el gran geriátrico de Europa, donde ingleses, alemanes o nórdicos viven en comunidades y aquí nosotros somos los extranjeros.


Este viaje nos ha dado sorpresas agradables desde el primer día hasta el último.

La última sorpresa del viaje la tenemos la precisamente la última noche, en un camping al que llegamos con los últimos rayos de luz después de atravesar los 20 kilómetros de cemento y asfalto llamado Torrevieja.

Este camping, como tantos otros de la costa, se ha convertido en residencias permanentes de caravanistas procedentes de Europa y se sorprenden cuando llega alguien con una tienda de campaña. En este en concreto lo que más abundan son las mobile home, auténticas casas a las que no les falta de nada. Las parcelas son de gravilla y muy pocas quedan sin estar ocupadas por residentes. Elegimos una y cuando me dispongo a montar la tienda un ingles de unos 80 años se dirige a mí para decirme que tiene una caravana vacía que usa para viajar, ya que él tiene otra que es donde vive, y que podemos dormir en ella ya que estaremos más cómodos.

No solo eso, nos ofrece comida para que cenemos y hasta una botella de vino. Nosotros llevamos comida suficiente y no necesitamos, pero nos emociona ver que todavía haya gente tan buena y desinteresada en este mundo occidental tan individualista. Aceptamos y pasamos una noche estupenda.

Por la mañana nos presenta a su mujer, una anciana de 90 años, y es cuando viene la sorpresa de verdad, están vestidos de ciclistas y preparados para irse con un tándem a hacer una ruta de 40 kilómetros. Nos cuenta que son cicloturistas desde hace años y nos enseñan fotos de un viaje que hicieron hace tan solo dos años donde recorrieron toda Andalucía con la bici cargada hasta arriba y durmiendo en tienda de campaña. Su historia nos parece apasionante y su vida representa esa afirmación que dice que envejeces cuando dejas de perseguir tus sueños, o en este caso, no se deja de pedalear cuando se envejece, se envejece cuando se deja de pedalear.





Nos despedimos en un gran abrazo y nos recuerdan que allí tenemos su casa y que podemos ir a pasar todo el tiempo que queramos siempre que nos apetezca.

Cruzamos los humedales de Santa Pola y continuamos por la costa hasta Arenales del Sol y Urbanova. Allí nos quedamos un rato viendo el continuo paso de aviones por encima de nuestras cabezas antes de aterrizar en el aeropuerto de el Altet. En apenas 15 minutos aterrizan aviones de compañías aéreas de Noruega, Dinamarca, Alemania o Finlandia. Ahora podemos constatar que los europeos entran por tierra, mar y aire.




Solo unos pocos kilómetros nos separan de Alicante. Hoy nuestras emociones están a flor de piel. Por un lado sentimos una gran alegría por volver a casa y reencontrarnos con la familia después de casi tres meses, pero por otro, ese sentimiento de pena porque se termina un viaje maravilloso. 
Aún retrasamos nuestra llegada parando en un parque de Alicante para comer algo y paseamos tranquilamente haciéndonos fotos a la entrada del puerto. Estamos ya en casa, últimos kilómetros de esta aventura por la playa del Postiguet y la Cantera. Se hace imposible no echar la vista atrás y recordar, como en una película a camara rápida, todo lo que hemos vivido, tantos momentos solapados que han conformado una experiencia que permanecerá en nuestra memoria toda la vida.



7 comentarios:

  1. Estos niños no tienen limites ni fronteras.Sois adorables. Os quiero.Flor de las nieves.

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  2. Valientes y aventureros intrépidos.
    Luz de Luna.

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  3. Geniales estos aventureros.
    Violeta.

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  4. Felicidades Yeni. Viajera bonita. M.M.

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  5. Felicitaciones Yeni . Un beso. BEL.

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